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Aumento de la desigualdad, récord de emisiones y desprotección de los más vulnerables. Así es como se han visto afectados los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) tras un año conviviendo con la pandemia del COVID-19.

En 2015, se aprobó la Agenda 2030 y, con ello, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 17 objetivos -con sus 169 metas- que buscan mejorar las condiciones de vida de las personas y proteger el medio ambiente.

Sin embargo, a los numerosos desafíos a los que tratan de hacer frente, hemos tenido que sumar las consecuencias de una pandemia mundial en el desarrollo sostenible.

La aparición y rápida expansión del COVID-19 ha provocado que nos enfrentamos a una crisis sanitaria, económica y humanitaria mundial como ninguna otra. Salir de la crisis económica causada por la pandemia y de la crisis climática, pasa por una Recuperación Verde, que siga teniendo presentes los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, los datos de estos últimos meses en relación con el desarrollo sostenible no son precisamente optimistas. Pero, sobre todo, ponen de manifiesto una idea: vamos a tener que multiplicar esfuerzos para conseguir cumplir con la Agenda 2030.

Aumento de la desigualdad debido a la pandemia del COVID-19

La pandemia ha hecho retroceder los esfuerzos para crear sociedades más equitativas. Según la ONU, la desigualdad entre ricos y pobres empeoró durante la crisis del COVID-19 y aumentó la pobreza, por primera vez en décadas.

Además, objetivos como el ODS 6 (Agua limpia y saneamiento), que tienen una implicación directa en la lucha contra el virus, se han visto afectados. Las interrupciones del suministro y la escasez de agua en algunas zonas dificultan el acceso a instalaciones limpias para lavarse las manos, una de las medidas de prevención más importantes. La importancia de la limpieza en la lucha contra el virus pone de manifiesto la necesidad de hacer un uso sostenible del agua.

Las mujeres y los niños son los más afectados por la desigualdad

El COVID-19 ha afectado a las mujeres de tres formas diferentes: en la salud, en la violencia doméstica y por cuidar de los otros. “Las mujeres son las más afectadas por la crisis del COVID-19, ya que tienen más probabilidades de perder su fuente de ingresos y menos probabilidades de estar cubiertas por medidas de protección social”, aseveró Achim Steiner, titular del Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD).

Esos números revelaron que la tasa de pobreza entre las mujeres aumentó más de un 9%, lo que equivale a unos 47 millones de mujeres. El dato representa un retroceso de décadas de avance hacia la erradicación de la pobreza extrema y respecto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La pandemia también ha disparado la pobreza infantil en un 15%, según datos de UNICEF, y está amenazando la salud, la educación y la nutrición de millones de niños. Al menos 24 millones de niños corren el riesgo de abandonar la escuela.

Además, este año se ha interrumpido la educación de millones de niños en todo el mundo. Las escuelas se esfuerzan por hacer frente a los repetidos cierres y reaperturas de actividades, y por transitar, si esto es posible, a la educación en línea. Los niños más desfavorecidos han sido los más afectados por las medidas de emergencia.

 

Crisis económica por la pandemia: ¿Cómo podemos cambiar de un futuro negro a uno verde?

Con millones de personas obligadas a trabajar desde su casa, con las oficinas y tiendas cerradas como parte de las medidas de contención, y con los viajes restringidos en todas partes, fue inevitable que la economía sufriera.

La Organización Internacional del Trabajo afirmó que millones de personas perderían su trabajo o quedarían subempleadas a causa de la pandemia. “Esto ya no es sólo una crisis de salud mundial, también es una crisis mayúscula económica y del mercado laboral que tiene un gran impacto en las personas”, dijo el director general de la OIT, Guy Ryder.

Aunque, como pequeña nota positiva, la crisis del COVID-19 obligó a muchas empresas a mantener conversaciones sinceras sobre el equilibrio entre el trabajo y la vida personal, y a diseñar soluciones innovadoras para ajustarse a las necesidades de sus empleados.

 

Recuperación verde

Combatir la crisis pos-COVID requiere de una hoja de ruta común. Los gobiernos invertirán más de 10 billones de dólares americanos para reactivar sus economías durante los próximos años. Estos paquetes de inversión presentan una oportunidad única para lograr una recuperación económica justa y resiliente, que evite un cambio climático descontrolado y el colapso de los ecosistemas. En este sentido, como mencionábamos al principio, se aboga por una Recuperación Verde que prepare nuestras economías para el mundo de mañana.

Estudios, como el publicado por Agencia Internacional de Energía Renovable, son claros en sus conclusiones. La recuperación verde puede cumplir con los objetivos económicos y climáticos al mismo tiempo y generará más empleo. Según el informe, invertir en energía renovable generaría ganancias globales en el PIB de 98 billones de dólares, cuadruplicaría el número de empleos en el sector a 42 millones en los próximos 30 años, y mejoraría de manera considerable los indicadores globales de salud y bienestar. Eso sin contar con que reduciría las emisiones de dióxido de carbono de la industria energética en un 70% para 2050 al reemplazar los combustibles fósiles.

 

Lo único que el COVID-19 no ha tocado: el cambio climático

Y es que, de entre todos los aspectos que se han visto afectados por la pandemia, hay uno que ni tan siquiera ha rozado. El calentamiento global, continúa su avance. A pesar de una breve disminución de la contaminación en todos los países que batallan el COVID-19, los niveles de dióxido de carbono mundiales volvieron a marcar un récord en 2020. En ese sentido, la pandemia también nos ha alejado de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en lo referente a la lucha contra el cambio climático.

Sin embargo, la brusca reducción de las emisiones perjudiciales que se produjo brevemente durante la pandemia es una evidencia clara sobre la existencia de alternativas sostenibles. Y ahora se acepta ampliamente que los gobiernos tienen un papel importante para asegurar una recuperación verde, duradera e inclusiva. Además, cada vez son más quienes exigen que la nueva normalidad sea ecológica.

Por eso, ahora más que nunca, la recuperación tras el COVID-19, debe ser la oportunidad para cambiar el rumbo hacia un futuro más verde y multiplicar esfuerzos para conseguir cumplir con la Agenda 2030.

Nos hemos encontrado con un gran obstáculo en el camino hacia la sostenibilidad, pero si trabajamos juntos por un objetivo común lograremos construir el planeta sostenible en el que queremos vivir.

 

 

Fuente: https://www.sostenibilidad.com/